martes, 26 de mayo de 2015

CONDUCTAS AGRESIVAS

AGRESIVIDAD


Según Bandura, Parke y Slaby la agresión es una etiqueta social que aplicamos a actos diversos, el hecho de que apliquemos dicha etiqueta o no a un determinado acto depende del significado que otorguemos al mismo, esto depende de múltiples factores como: las creencias, valores, prejuicios, individuales y sociales.

La consideración de un acto como agresivo puede variar mucho de una cultura a otra, según el momento histórico, etc.
La mayor parte de los autores  entienden por agresión cualquier conducta dirigida a la meta de procurar dolor o dañar de algún modo a otro organismo.

TEORÍAS DE LA CONDUCTA AGRESIVA
Teoría psicoanalítica:
Freud: A partir de 1920, en su última formulación de la teoría de las pulsiones, postuló, junto a las pulsiones de vida -Eros-, la existencia de unas pulsiones de muerte -Thanatos-, radicalmente constitutivas de la naturaleza humana. 
Estas pulsiones poseen un carácter primario, irreductible; no son el fruto derivado de ningún otro tipo de pulsiones previas.



Reich (1972) considera que las tendencias destructivas tienen un carácter secundario, reactivo; surgen como fruto de la frustración de la sexualidad natural. Para Reich el ser humano sería bueno por naturaleza y serían las restricciones impuestas por el principio de realidad las que lo harían agresivo.


Teoría etológica:
Lorenz (1966) sostiene que los seres humanos y los animales poseen un instinto básico de lucha contra los miembros de la propia especie que se activa ante determinados estímulos del ambiente.

La función de esta conducta es la supervivencia de la especie y del individuo.

Según los etólogos, la mayoría de las especies han desarrollado “inhibidores instintivos” de la agresión que evitan que esto ocurra. Pero en la especie humana la muerte a manos de otro se da con demasiada frecuencia. Según Lorenz, ello se debe a que en los humanos el instinto agresivo se halla pobremente controlado. 



Hipótesis de la Frustración-Agresión: 

La frustración  es una sensación que se vincula al impedir que una conducta alcance una meta, siempre produce un tipo de agresión, y que la agresión siempre presupone la frustración.

Lo innato es la relación entre la frustración y la ira. La relación frustración-agresividad es aprendida.
La conducta agresiva no depende únicamente de la disposición a agredir; depende también de determinadas señales “agresivas”. Dichas señales son estímulos asociados con instigadores de la ira actuales o previos.

Esta hipótesis de las señales “agresivas” implica que la exposición a cualquier objeto o evento previamente asociado con algún tipo de agresión -ciertos gestos, armas, situaciones. Ejerce una función de señal y aumenta la probabilidad de intercambios agresivos entre los niños. 

Teoría del aprendizaje social: 

Bandura considera la conducta agresiva como un tipo particular de conducta social que se adquiere y mantiene a través de los mismos procesos que cualquier otra conducta social: el aprendizaje observacional y el refuerzo directo. 

Los hábitos agresivos a menudo persisten porque resultan instrumentales para el logro de determinadas metas, son útiles para parar las conductas dañinas de otros, son socialmente aprobadas por los pares y, por último, intrínsecamente reforzantes para el agresor. 

Bandura acepta que determinados estados internos, como la frustración o la ira, pueden facilitar la agresión, pero no los considera necesarios para que ésta se produzca.  


Teoría del procesamiento de la información social:

La conducta agresiva no depende tanto de las señales sociales presentes en la situación como del modo en que el sujeto las procesa e interpreta.

Una de las  teorías socio-cognitivas más conocidas es la de Dodge,plantea que los sujetos, en una situación social dada, poseen una serie de experiencias previas en su almacén de memoria y unas metas concretas (divertirse, hacer amigos, no crearse problemas inútilmente...). En dicha situación, la conducta del sujeto ante la señal social va a depender de cinco “pasos” o procesos cognitivos.
  1. Descodificación de la señal.
  2. Interpretación.
  3. Búsqueda de respuesta.
  4. Una decisión acerca de la respuesta
  5. Codificación en la que el sujeto lleva a cabo la respuesta elegida.

AGRESIÓN EN ESCOLARES

Trabajos como el de Caplan y colaboradores (1991) sugieren que los niños, ya a partir del primer año, cuando tratan de quitar a otro un objeto que les interesa, tratan a ese otro más como un adversario que como un simple obstáculo inanimado. Por lo que respecta a la segunda cuestión, la respuesta no es fácil, pues las conductas agresivas de los niños de 1 año no son comparables con las de los niños de 7 o las de los adolescentes. En este sentido lo que se puede analizar y ha sido estudiado son los cambios en el tipo de conductas agresivas y en las situaciones que las elicitan. 
 La agresión durante los años preescolares

 Los estudios sobre la agresión durante los años preescolares son más bien escasos. Entre ellos, hay que destacar los de Goodenough (1931), Hartup (1974), Cummings y colaboradores (1989) y  Caplan y colaboradores (1991). A partir de los mismos, se ha llegado a las siguientes conclusiones:
• Las rabietas relativamente no focalizadas, a menudo provocadas por molestias en las rutinas diarias, como la comida o el baño, disminuyen durante el período preescolar; a partir de los 4 años, estos arrebatos de ira tienden a focalizarse en personas específicas, especialmente en los compañeros de juego.

En cuanto a los elementos que elicitan la agresión, mientras que a los 2-3 años las conductas agresivas se dan sobre todo en respuesta a frustraciones derivadas del ejercicio de la autoridad por parte de los padres, posteriormente son más frecuentes tras conflictos con los pares. Los conflictos con éstos por la posesión de un juguete se dan incluso cuando los niños tienen a mano otro igual.
 
• La forma que toma la agresión también cambia: mientras que a los 2-3 años la mayor parte de las agresiones son de carácter instrumental (el objetivo es conseguir algo deseado, más que infligir un daño a otro) y los niños tienden a golpear y dar patadas, posteriormente, aunque continúan peleándose por los objetos, su agresión es cada vez de carácter menos instrumental y más hostil, muestran cada vez menos agresión física y tienden más a la burla, a llamar al otro cosas que saben que le molestan, etc. La tendencia a vengarse en respuesta a un ataque o frustración aumenta claramente a partir de los 3 años. 


AGRESION EN ADOLESCENTES
La agresión y la conducta antisocial en los preadolescentes y adolescentes. 

 Parece que la agresividad hostil y física alcanza su punto álgido a comienzos de la adolescencia y luego declina (Loeber, 1982; Cairns et al. 1989). Sin embargo, en la medida en que los adolescentes son más fuertes y, al menos en algunos países, tienen fácil acceso a muchas armas, sus agresiones tienen efectos mucho más desastrosos. Ello explica en parte el que los arrestos por asalto y otros delitos violentos aumenten considerablemente en la adolescencia (Cairns et al. 1989). 
 Por otra parte, aunque las agresiones disminuyan, no lo hacen otras conductas tales como el ostracismo social  (la maledicencia y la exclusión de otros), los robos, los novillos, etc... Para algunos autores, esto significa que los adolescentes tenderían a expresar su ira y hostilidad de una forma menos abiertamenteagresiva y más encubierta (Shaffer, 1994). 



DIFERENCIAS DE GENERO
Diferencias sexuales en conductas agresivas  
 
Numerosos estudios sobre diferencias sexuales en conducta agresiva, llevados a cabo
en muy diversos países, constatan que los varones son más agresivos que las mujeres, no sólo físicamente, sino también verbalmente (Hyde, 1984; Whiting y Edwards, 1988). Asimismo, la probabilidad de ser objeto de agresión es mayor en los varones: se ha comprobado que los conflictos son más probables entre díadas de chico y chico que entre chico-chica o chica-chica
(Barret, 1979). Veamos las diversas explicaciones que se han propuesto acerca de estas diferencias. 

La explicación biológica

 Maccoby y Jacklin (1980), claramente posicionadas a favor  de esta explicación, plantean que existen cuatro importantes argumentos para defender una fuerte base biológica en tales diferencias: 
1) Los varones son más agresivos que las mujeres en casi todas las sociedades que han sido estudiadas. 
2) Las diferencias sexuales en agresión aparecen muy tempranamente (para los 2-21/2 años). 
3) Los machos tienden a ser también el sexo más agresivo entre nuestros parientes filogenéticamente más próximos.
 4) Finalmente, existe evidencia de una relación estrecha -tanto en humanos como en animales- entre hormonas masculinas y conducta agresiva. 

La explicación social

Desde esta perspectiva, se ha señalado que la mayor concentración de hormonas sexuales masculinas en los sujetos que muestran una conducta agresiva puede ser tanto causa como efecto de dicha conducta. Asimismo, se ha señalado que no está claro que los niños muy pequeños sean más agresivos que las niñas. En un interesante estudio de Caplan y colaboradores (1991) se encontró que las interacciones agresivas para resolver los conflictos que surgían en torno a los juguetes eran más numerosas cuando los grupos de juego estaban dominados por niñas.  

La explicación interactiva

Desde este punto de vista, las diferencias sexuales en agresión derivan de una interacción compleja entre diversos factores biológicos ligados al sexo y diversos factores sociales. Las niñas tienden a madurar antes, a hablar antes y a ser más sensibles al dolor que los niños, mientras que éstos tienden a ser más grandes y musculosos, a dormir menos y a ser algo más activos, irritables y difíciles de consolar que las niñas. 
FACTORES DE SOCIALIZACION QUE INFLUYEN EN EL DESARROLLO DE LAS CONDUCTAS AGRESIVAS  

Los estudios transculturales muestran de forma consistente que ciertas sociedades y subculturas son más agresivas y violentas que otras.  Las diferencias de clase son también claras: los niños y adolescentes de clase baja, en especial los varones de las grandes zonas urbanas, muestran más conductas agresivas y mayores niveles de delincuencia que los de clase media. 

Problemática económica y social

conlleva el pertenecer a los sectores más desvaforecidos de la sociedad. Junto a problemas de paro, dificultades económicas y emocionales en el seno de la familia, déficit de escolarización, etc., ha de tenerse en cuenta la sensación de frustración o “deprivación relativa” provocada por la continua seducción consumista a la que -muy especialmente- los niños y los jóvenes se ven continuamente sometidos en la sociedad occidental.   

 Los niños que viven en la calle, que son cuidados en instituciones o reformatorios con
cambios frecuentes de cuidadores o que son objeto de malos tratos carecen de modelos
adultos para comportarse adecuadamente y tienen dificultades para establecer lazos 
afectivos.




 PATTERSON

 (1982; Patterson et al., 1989) ha estudiado las interacciones entre padres e
hijos que se dan en las familias que tienen, al menos, un niño altamente agresivo,
ha encontrado que el ambiente de las primeras familias es muy particular: sus miembros se pelean de continuo, son reacios a comenzar cualquier conversación y, cuando charlan, tienden a amenazar, insultar y meterse  con los otros miembros de la familia. Patterson habla de ambientes familiares coercitivos ,  señalando que, en tales familias, una gran cantidad de interacciones se reducen a esfuerzos,  por parte de uno de sus miembros, para que otro deje de molestarle. El refuerzo negativo  juega aquí un importante papel: los miembros de estas familias pronto aprenden que, cuando  otro les molesta, si le gritan, le insultan o le pegan, acabará dejando de molestarles.  




 Según el modelo del desarrollo de la conducta antisocial crónica de Patterson, este ambiente contribuye al desarrollo de conductas agresivas y desafiantes y al sesgo atribucional de hostilidad, lo que favorece tanto el rechazo por parte de los compañeros como el fracaso académico. Ello, a su vez,  puede hacer que los padres se desentiendan cada vez más de su hijo y se despreocupen de lo que éste hace o deja de hacer. Y los adolescentes con estos problemas tienden a juntarse entre sí, formando grupos que tienden a devaluar lo académico, valoran e instigan comportamientos agresivos, y promueven conductas disfuncionales de todo tipo. En definitiva, para Patterson, la experiencia de los niños en este tipo de ambientes a menudo constituye un primer paso crucial en la senda de la conducta antisocial crónica.



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